Tengo una necesidad de escribir que raya en lo absurdo. Pero más absurda aún resulta mi incapacidad de hacerlo. Las ideas están aquí dentro, esperando las palabras que estén dispuestas a operar como vehículo para lanzarlas al mundo. Y al final, como siempre, esa mezcla de miedos con desidias termina por salirse con la suya. Y reina el silencio. Un silencio cargado de murmullos que no dicen nada.
Quisiera escribir sobre el extraño viaje en el tiempo que inició hace unos días. Un viaje que me ha llevado y traido a momentos que había casi eliminado. Y digo casi porque siempre hay un rastro.
Pero más allá del rastro, están las notas. Evidencias no de los hechos, pero sí de mi interpretación de los mismos. No sé cómo hayan sido las cosas, pero existe al menos un testimonio de la forma en que las interpreté.
Y la realidad me ha ido mostrando, por cierto, que esa interpretación no necesariamente es siempre acertada.
Más allá de lo que estoy viviendo, lo que me cautiva es el modo en que la realidad ha dado un vuelco y ha colocado las piezas en una suerte de espejo de hace más de una década. Todo está exactamente al revés. Y para colmo, las palabras de aquellos días cobran un sentido que resulta casi macabro por la forma en que funcionan.
Hace unos días en otro lado terminé escribiendo quizá un poco de más acerca del origen de todo esto que intento narrar. Releía ayer lo que escribí y me sentí completamente exhibido. Curioso, pero de alguna manera no quiero que me importe. Quiero que me dé un poco lo mismo. Y creo que lo voy consiguiendo.
Ya estoy alucinando. Mejor me detengo. Antes de terminar diciendo más de lo que debería.
lunes, 19 de julio de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)