martes, 24 de agosto de 2010

Justificando

¿Estoy diciendo demasiado? No creas nada de lo que lees. Quizá es efecto de esta luna que insiste en vigilarme tras el cristal. ¿Es demasiado pronto? Quizá. Y quizá es culpa de la misma luna que nueva, menguante, creciente o llena, no deja de insistir en mover los frágiles hilos de esta marioneta. ¿Es real? ¿Es ficción? Es lo que quieras que sea. Según te convenga. Según quien seas. Según creas que me conoces. Al final, es solo efecto de una luna —hoy luna llena— que hace tiempo tomó el control de mi interior.

Ojalá... pero no

Ojalá fuese solo su mirada. Pero no. Es esa fuerza irracional que despierta algo absolutamente nuevo en mi interior. Ojalá fuese solo una sonrisa. Pero no. Es ese instinto que había pasado tanto tiempo negándose a creer en la posibilidad de llegar tan dentro. Esa nueva certeza sobre mí mismo. Es esa risa que murmura cuando nuestros cuerpos borran sus fronteras.

lunes, 16 de agosto de 2010

Lo sabes

Si supieras. (Aunque quizá lo sabes, pues la forma en que me miras y sonríes delata que algo sospechas.) Si no lo sabes, al menos tienes una idea bastante aproximada de lo que me provocas. A quién engaño. Lo has de saber bien. Y me gusta que lo sepas porque sabes aprovecharte de ello y me enredas y me haces enloquecer.

Química pura. Y física. Detonas en mí esa chispa que llevaba tanto tiempo apagada. Enciendes una luz que se había resignado a permanecer en tinieblas. Y no consigo saber cómo reaccionar ante tanta magia. Y lo sabes. Y me encanta que lo sepas.

sábado, 7 de agosto de 2010

¿Acaso va siendo necesario otra vez generar una nueva identidad? ¿No es eso sólo una forma de escapar y evitar dar la cara a la realidad? Y, si así fuera, ¿qué más da?
Quizá lo estoy haciendo porque es la única manera de salir en forma definitiva del bucle en el que estaba atorado. Vale, quizá no la única, pero sí la más a la mano, la más práctica en este momento. Lo cual no deja de ser una desventaja.

jueves, 5 de agosto de 2010

Construyendo

Iba a escribir que mi vida sigue dando vuelcos. Pero sería impreciso. Los vuelcos son tan comunes que pueden leerse como parte de una cierta estabilidad.

Tengo la cabeza en todas partes. El corazón repartido en fragmentos. A ratos me río de mí mismo. Me produzco tanta ternura. ¡Soy tan ingenuo!

Una parte de mí paulatinamente aterriza y se ocupa del mundanal que le rodea. No hay remedio. El resto, sigue construyendo castillos en el aire. Soñando. Fabricándose ese territorio imaginario en el que un día, estoy seguro, podré vivir sin necesidad de volver a tocar el suelo.