Tenía no pensado volver por aquí, al menos por un buen rato. Pero de pronto resulta inevitable. Quizá nadie del otro lado leerá estas palabras, pero el simple hecho se soltarlas, dejarlas disponibles, me hace sentirme un poco más ligero. Casi incluso escuchado.
El viernes me topé inesperadamente con un recordatorio de un pasado que siempre fue presente y que dejé morir por miedo al futuro. Un pedazo de papel fechado el 19 de agosto de 2010. Puede parecer irrelevante, pero toparse con esa fecha cuando es 19 de agotso de 2011, me pareció fascinante. Al inicio, al menos, porque después se tornó doloroso.
Y es que el 19 de agosto de hace un año no fue un día cualquiera. Ese día conocí fronteras que creí me estaban negadas. Crucé un umbral y descubrí del otro lado un yo que era capaz de lo inimaginable, un yo que podía ser feliz.
Y desde ese día tuve miedo. Miedo de mí y de esa posibilidad de ser feliz a lado de alguien.
Quizá ella notó parte de ese miedo. Y quizá por eso me invitó a dejar de lado el futuro. A convertirnos en un presente perpetuo. Y eso intenté. Pero mis pesadillas suelen ser más fuertes que yo mismo. Los fantasmas que me rondan supieron apoderarse de ese hoy y colaron sus absurdas visiones de mañanas donde reinaba el dolor.
Sí, el miedo ganó la partida. De poco sirvieron los amaneceres. La eternidad tomó el rostro de un atardecer. Hermoso, sí, pero finito, anunciando siempre un 'nunca más'.
Inevitable preguntarme qué es hoy de la otra mitad de ese presente que hoy es un lejano pero poderoso pasado. Quise escarbar un poco. Egoístamente, sí, pues no tengo derecho a ir i remover el ayer impunemente. Desde que di el primer paso en esa dirección, lo estoy pagando con un silencio ensordecedor que no deja de recordarme que hubo un día en que conocí la luz y que esa luz pudo ser para siempre.
domingo, 21 de agosto de 2011
miércoles, 3 de agosto de 2011
Cosas horribles
Llevo días con las emociones un poco más a flor de piel que de costumbre. Frágil.
No han sido día malos. Y eso, ya se sabe, siempre me confunde. Cuando las cosas pintan bien, sospecho que alguna desgracia se fragua a mis espaldas.
Aún no me repongo de las aventuras en las que involucré a mi corazón en los últimos 12 meses y ya empiezo a rondar fronteras peligrosas.
Tengo miedo. Porque siento que la desgracia me acompaña y me molesta anticipar que el precio por unos instantes de felicidad ha de ser siempre un profundo dolor. No solo en mí, sino —sobre todo— en quien termina siendo sujeto de mi afecto.
Como afirma Hajime en Al Sur de la Forntera, Al Oeste del Sol: «A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el solo hecho de existir.» O como Alejandra a Martín en Sobre Héroes y Tumbas: «Yo no puedo dominar cosas horribles que tengo dentro.»
No han sido día malos. Y eso, ya se sabe, siempre me confunde. Cuando las cosas pintan bien, sospecho que alguna desgracia se fragua a mis espaldas.
Aún no me repongo de las aventuras en las que involucré a mi corazón en los últimos 12 meses y ya empiezo a rondar fronteras peligrosas.
Tengo miedo. Porque siento que la desgracia me acompaña y me molesta anticipar que el precio por unos instantes de felicidad ha de ser siempre un profundo dolor. No solo en mí, sino —sobre todo— en quien termina siendo sujeto de mi afecto.
Como afirma Hajime en Al Sur de la Forntera, Al Oeste del Sol: «A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el solo hecho de existir.» O como Alejandra a Martín en Sobre Héroes y Tumbas: «Yo no puedo dominar cosas horribles que tengo dentro.»
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