Hace apenas unos días hablaba de esta enésima encrucijada. Y en ella sigo. Sorprendido ante la forma en que se desenvuelven las cosas y me obligan a asumir con claridad, con firmeza, con determinación absoluta, una decisión. Me asombra la forma en que ellas (sí, ellas) han tomado las cosas; el modo en que, con una transparencia absoluta (o un muy buen ejercicio de actuación) me invitan a asumir las riendas de mi vida y a decidir al margen de ellas, apuntando una y otra vez que lo que a ellas les pase y lo que ellas sientan no es responsabilidad mía y, por tanto, no debe condicionar mis elecciones. Y sí, tienen razón. Casi podría decir que es obvio, pero estar de este lado hace que las cosas no se vean con esa frialdad.
Mientras tanto, ando por ahí, impregnado de un aroma que me recuerda a cada minuto la magia que hemos descubierto. Ando por ahí con la imagen de una posibilidad que fue, que dejamos ir y que emociona imaginar una vez más. Y entre ese aroma y esa imagen, sigo debatiéndome. Sin aceptar que no se trata de elegir entre una u otra, sino de elegir entre yo mismo o el mundo. Y sé que me toca a mí.
lunes, 4 de octubre de 2010
martes, 21 de septiembre de 2010
Nueva encrucijada
Un poco de sentido común —sea lo que sea éste— hubiera bastado para darme cuenta de que estaba tomando un camino demasiado sencillo. Buscando claridad terminé enredando más las cosas. Buscando no lastimarme más terminé exponiendo a más al dolor que suele producir el contacto con alguien tan inestable como yo. No sé ahora qué rumbo tomar. Elija el camino que elija habrá dolor, eso es ya inevitable. No entiendo cómo, pero hoy tengo claro que dejé que se nublara mi vista y no alcancé a ver lo que podía suceder. Hoy poco puedo hacer para regresar el tiempo y evitarlo. Toca hacerle frente. Hacerme frente. Y una vez más la alternativa más viable parecería desaparecer con todo el daño que soy capaz de producir.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Constantemente me pregunto qué estamos haciendo, qué somos, a dónde se dirige esto que hemos empezado a construir. Aunque al final todas las interrogantes se esfuman cada instante que estoy contigo. Esos momentos son absolutamente ajenos al mundo terrenal. Quizá por eso he comenzado a necesitarlos tanto. Porque cada segundo en tus brazos es un instante en ese otro mundo que me he inventado en la imaginación, un mundo donde la felicidad es posible, un mundo al margen del caos de lo cotidiano.
martes, 24 de agosto de 2010
Justificando
¿Estoy diciendo demasiado? No creas nada de lo que lees. Quizá es efecto de esta luna que insiste en vigilarme tras el cristal. ¿Es demasiado pronto? Quizá. Y quizá es culpa de la misma luna que nueva, menguante, creciente o llena, no deja de insistir en mover los frágiles hilos de esta marioneta. ¿Es real? ¿Es ficción? Es lo que quieras que sea. Según te convenga. Según quien seas. Según creas que me conoces. Al final, es solo efecto de una luna —hoy luna llena— que hace tiempo tomó el control de mi interior.
Ojalá... pero no
Ojalá fuese solo su mirada. Pero no. Es esa fuerza irracional que despierta algo absolutamente nuevo en mi interior. Ojalá fuese solo una sonrisa. Pero no. Es ese instinto que había pasado tanto tiempo negándose a creer en la posibilidad de llegar tan dentro. Esa nueva certeza sobre mí mismo. Es esa risa que murmura cuando nuestros cuerpos borran sus fronteras.
lunes, 16 de agosto de 2010
Lo sabes
Si supieras. (Aunque quizá lo sabes, pues la forma en que me miras y sonríes delata que algo sospechas.) Si no lo sabes, al menos tienes una idea bastante aproximada de lo que me provocas. A quién engaño. Lo has de saber bien. Y me gusta que lo sepas porque sabes aprovecharte de ello y me enredas y me haces enloquecer.
Química pura. Y física. Detonas en mí esa chispa que llevaba tanto tiempo apagada. Enciendes una luz que se había resignado a permanecer en tinieblas. Y no consigo saber cómo reaccionar ante tanta magia. Y lo sabes. Y me encanta que lo sepas.
Química pura. Y física. Detonas en mí esa chispa que llevaba tanto tiempo apagada. Enciendes una luz que se había resignado a permanecer en tinieblas. Y no consigo saber cómo reaccionar ante tanta magia. Y lo sabes. Y me encanta que lo sepas.
sábado, 7 de agosto de 2010
jueves, 5 de agosto de 2010
Construyendo
Iba a escribir que mi vida sigue dando vuelcos. Pero sería impreciso. Los vuelcos son tan comunes que pueden leerse como parte de una cierta estabilidad.
Tengo la cabeza en todas partes. El corazón repartido en fragmentos. A ratos me río de mí mismo. Me produzco tanta ternura. ¡Soy tan ingenuo!
Una parte de mí paulatinamente aterriza y se ocupa del mundanal que le rodea. No hay remedio. El resto, sigue construyendo castillos en el aire. Soñando. Fabricándose ese territorio imaginario en el que un día, estoy seguro, podré vivir sin necesidad de volver a tocar el suelo.
Tengo la cabeza en todas partes. El corazón repartido en fragmentos. A ratos me río de mí mismo. Me produzco tanta ternura. ¡Soy tan ingenuo!
Una parte de mí paulatinamente aterriza y se ocupa del mundanal que le rodea. No hay remedio. El resto, sigue construyendo castillos en el aire. Soñando. Fabricándose ese territorio imaginario en el que un día, estoy seguro, podré vivir sin necesidad de volver a tocar el suelo.
lunes, 19 de julio de 2010
Rastros
Tengo una necesidad de escribir que raya en lo absurdo. Pero más absurda aún resulta mi incapacidad de hacerlo. Las ideas están aquí dentro, esperando las palabras que estén dispuestas a operar como vehículo para lanzarlas al mundo. Y al final, como siempre, esa mezcla de miedos con desidias termina por salirse con la suya. Y reina el silencio. Un silencio cargado de murmullos que no dicen nada.
Quisiera escribir sobre el extraño viaje en el tiempo que inició hace unos días. Un viaje que me ha llevado y traido a momentos que había casi eliminado. Y digo casi porque siempre hay un rastro.
Pero más allá del rastro, están las notas. Evidencias no de los hechos, pero sí de mi interpretación de los mismos. No sé cómo hayan sido las cosas, pero existe al menos un testimonio de la forma en que las interpreté.
Y la realidad me ha ido mostrando, por cierto, que esa interpretación no necesariamente es siempre acertada.
Más allá de lo que estoy viviendo, lo que me cautiva es el modo en que la realidad ha dado un vuelco y ha colocado las piezas en una suerte de espejo de hace más de una década. Todo está exactamente al revés. Y para colmo, las palabras de aquellos días cobran un sentido que resulta casi macabro por la forma en que funcionan.
Hace unos días en otro lado terminé escribiendo quizá un poco de más acerca del origen de todo esto que intento narrar. Releía ayer lo que escribí y me sentí completamente exhibido. Curioso, pero de alguna manera no quiero que me importe. Quiero que me dé un poco lo mismo. Y creo que lo voy consiguiendo.
Ya estoy alucinando. Mejor me detengo. Antes de terminar diciendo más de lo que debería.
Quisiera escribir sobre el extraño viaje en el tiempo que inició hace unos días. Un viaje que me ha llevado y traido a momentos que había casi eliminado. Y digo casi porque siempre hay un rastro.
Pero más allá del rastro, están las notas. Evidencias no de los hechos, pero sí de mi interpretación de los mismos. No sé cómo hayan sido las cosas, pero existe al menos un testimonio de la forma en que las interpreté.
Y la realidad me ha ido mostrando, por cierto, que esa interpretación no necesariamente es siempre acertada.
Más allá de lo que estoy viviendo, lo que me cautiva es el modo en que la realidad ha dado un vuelco y ha colocado las piezas en una suerte de espejo de hace más de una década. Todo está exactamente al revés. Y para colmo, las palabras de aquellos días cobran un sentido que resulta casi macabro por la forma en que funcionan.
Hace unos días en otro lado terminé escribiendo quizá un poco de más acerca del origen de todo esto que intento narrar. Releía ayer lo que escribí y me sentí completamente exhibido. Curioso, pero de alguna manera no quiero que me importe. Quiero que me dé un poco lo mismo. Y creo que lo voy consiguiendo.
Ya estoy alucinando. Mejor me detengo. Antes de terminar diciendo más de lo que debería.
domingo, 27 de junio de 2010
domingo, 20 de junio de 2010
miércoles, 16 de junio de 2010
Camina sin descanso. Se detiene a ratos pero no tarda en recuperar el paso. ¿A dónde va? Difícilmente podría saberlo. Pero tiene claro que el imperativo es seguir andando. Porque solo así el alma consigue el aire que le falta. Porque la marcha produce reacciones en su organismo que hoy son imprescindibles para seguir adelante.
lunes, 14 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
Se busca
Se busca un buen hombre. Atractivo, con buen sentido del humor, paciente, respetuoso. Con interés en el arte pero también abierto a la fiesta. Con ambiciones y una carrera sólida en lo laboral, capaz de garantizar certidumbre económica a su pareja. Cumplidor en sus deberes en todos los ámbitos. Preferentemente entre 35 y 40 años.
Calma, calma, no es para mí. Me gustaría presentárselo a mi ex-mujer, que se merece lo mejor.
Calma, calma, no es para mí. Me gustaría presentárselo a mi ex-mujer, que se merece lo mejor.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Empatía
Intento a ratos pensar qué haría si me topara con alguien muy cercano y querido en la situación en que hoy me encuentro yo, con la tristeza a cuestas y con la convicción de que nada tiene sentido. Seguramente mis reacciones podrían ser muchas, en función del perfil de ese alguien cercano y querido. Si ese alguien se pareceiera a mí, creo que tendría que abrazarle y, al mismo tiempo, permitirle hundirse en esa tristeza, tocar fondo, dirían algunos. Sé que ese alguien, si se pareciera a mí, insisto, escucharía de buena gana los consejos de los demás, pero estaría pidiendo un poco de espacio para explorar las tinieblas de su melancolía. El mundo, sin embargo, insiste y hace que todos insistan en huir de esa nostalgia. Todo menos estar triste, parace ser el lema. Digan lo que sea, yo sólo sé que me siento fatal pero que así es como necesito senirme, pues de ninguna otra manera podría aceptar que me sintiera. ¿Suena sinsentido? Quizá así sea, quizá, como tantas cosas en mi vida, no hay lógica válida detrás de semejantes planteamientos. Y qué más da. Lo que me pesa es cargar con ese mundo que me he construido. Ese mundo que espera tanto de mi y al que no encuentro el modo de hacerle frente. Necesito aire, espacio, tiempo. Conozco de sobra lo que habrán de decirme: que no te importe, date tiempo, tú eres lo más importante. No dudo que lleguen incluso recetas para lograrlo. Pero me siento tan débil, tan frágil. Quisiera que el mundo solo se viniera abajo. Que fuese una repentina e intensa corriente la que me arrastrara. Que no hubiese alternativa. Que esos finales sucedieran sin necesidad de mi voluntad.
72 horas depués...
... estoy estallando en llanto. En los últimos tres días apenas hubo conatos que terminaron con un abrazo, con una palabra de aliento o con un intento de evasión que cumplió su objetivo. Pero ahora, nuevamente solo en medio de este desierto, lejos de casa otra vez, la realidad se me viene encima con toda su inevitabilidad. Lloro. Y puedo decir que vivo el momento más oscuro y doloroso de mi vida hasta hoy.
martes, 4 de mayo de 2010
Palabras
Lo he dicho ya alguna vez de alguna forma. Pero nunca como hoy es cierto: las palabras no me sirven. Intento decir algo sobre lo que pasa. Sobre lo que siento. Sobre el dolor, sobre las dudas, sobre las ganas. Y creo que aquí dentro todo podría explicarse de alguna manera. Pienso las ideas y parece evidente que tienen nombre, que pueden articularse de alguna forma. Pero en cuanto intento convertir eso a palabras, todo se viene abajo. Si intento hablar, me enredo, me tropiezo con mis vanos intentos y, en el mejor de los casos, termino diciendo algo que poco tiene que ver con lo que buscaba externar originalmente. Si intento hacerlo por escrito, termino —como ahora— divagando, conduciendo mis disertaciones por caminos que, si bien pueden resultar de cierto interés para alguien, poco tienen que ver con lo que me sacude y me revolotea en la cabeza y en el corazón.
Y así, estas palabras no son sino una evidencia más de lo que he escrito. Lejos de lo que me gustaría —necesitaría, quizá— decir. Racionalizando una vez más todo. Acomodando el dolor en silogismos. Disfrazando esta confusión con frases rebuscadas. Incapaz de simplificar las cosas y decirlas como son. Y es que, ¿cómo son?
Y así, estas palabras no son sino una evidencia más de lo que he escrito. Lejos de lo que me gustaría —necesitaría, quizá— decir. Racionalizando una vez más todo. Acomodando el dolor en silogismos. Disfrazando esta confusión con frases rebuscadas. Incapaz de simplificar las cosas y decirlas como son. Y es que, ¿cómo son?
viernes, 30 de abril de 2010
Cuesta trabajo reconocerlo, pero más vale que así sea: la vida poco tiene que ver con esas ideas ingenuas que nos alimentan el cerebro desde pequeños. Cierto, quizá este razonamiento no aplique para todos. Lo que es falso, me parece evidente, es esa infantil idea de homogeneidad en las posibilidades que tenemos de alcanzar cierto tipo de felicidad: hay realidades que de origen están negadas a algunos, por más que duela reconocerlo. Y quizá está bien que así sea. Pero cuando se está de lado de ciertas minorías, es difícil aceptar esa realidad.
Sé que estoy siendo más críptico que de costumbre. Estoy un poco hecho bolas en mi cabeza. Quisiera hallar la manera de expresar con claridad lo que estoy sintiendo. Pero solo alcanzo a decir que tengo el alma muy apachurrada. Y duele.
Sé que estoy siendo más críptico que de costumbre. Estoy un poco hecho bolas en mi cabeza. Quisiera hallar la manera de expresar con claridad lo que estoy sintiendo. Pero solo alcanzo a decir que tengo el alma muy apachurrada. Y duele.
lunes, 26 de abril de 2010
Me enoja tanto conmigo mismo estar en esta condición. Me enfurece mi debilidad, mi falta de fuerza. Aquí adentro lo tengo claro: no más, quiero detener todo y desaparecer un rato. Renunciar a este mundo mientras logro encontrarme. No creo que resulte sano para mí ni para lo que me rodea seguir fingiendo que todo está bien. Pero no logro hacerme de la fuerza suficiente para enfrentarme a eso que me rodea.
Lo he dicho antes y lo reitero. Estoy muy cansado. De pronto he perdido la fe en mí mismo. Me he quedado sin ganas de nada. Y ahí sigo, con mi cara de todo está bien. Pero creo que es necesario reconocer que esto ya resulta dañino. Que no gano nada. Que nadie alrededor gana nada conmigo en este estado. Y quisiera que fuese algo que pudiera remediarse con un poco de charla, con un abrazo, con una palmada en la espalda. No. No es tan sencillo. Necesito desaparecer. No digo que para siempre, pero sí por un rato.
No me siento capaz de seguir enfrentando el día a día. Y no encuentro la forma de decirlo con claridad. No consigo hacerle frente al mundo. Y entonces me hundo más. Fingiendo solo he conseguido que salir del agujero sea más difícil a cada minuto. Pero, ¿cómo hacer para acabar con esto? No tengo la fuerza.
Lo he dicho antes y lo reitero. Estoy muy cansado. De pronto he perdido la fe en mí mismo. Me he quedado sin ganas de nada. Y ahí sigo, con mi cara de todo está bien. Pero creo que es necesario reconocer que esto ya resulta dañino. Que no gano nada. Que nadie alrededor gana nada conmigo en este estado. Y quisiera que fuese algo que pudiera remediarse con un poco de charla, con un abrazo, con una palmada en la espalda. No. No es tan sencillo. Necesito desaparecer. No digo que para siempre, pero sí por un rato.
No me siento capaz de seguir enfrentando el día a día. Y no encuentro la forma de decirlo con claridad. No consigo hacerle frente al mundo. Y entonces me hundo más. Fingiendo solo he conseguido que salir del agujero sea más difícil a cada minuto. Pero, ¿cómo hacer para acabar con esto? No tengo la fuerza.
martes, 20 de abril de 2010
Este túnel oscuro y solitario...
El título de este blog nunca resultó tan pertinente. O quizá sea lo contrario. Quizá siempre lo ha sido y los días recientes sólo confirman lo acertada que fue mi decisión al recurrir a la idea del túnel para nombrar esta libreta.
Me parece que hasta ahora no he aclarado del todo el origen de esto de hablar "desde mi túnel". La referencia viene de una de mis novelas favoritas (quizá por diversas razones mi novela favorita): El túnel, de Ernesto Sabato.
La frase que da sentido al título del libro y que me ayuda a señalar el sentido que tiene el nombre de esta bitácora, aparece casi al final de la narración de Juan Pablo Castel, protagonista de la novela. Pero aparece también al inicio, como una suerte de epígrafe anónimo...
«...en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío...»
La frase sigue. Y quizá para entenderla con claridad sea necesario conocer la novela y revisar nuevamente el contexto en que aparece la expresión. Y no sé si convenga vender más trama. (Y mira que es un libro del cual es difícil vender trama, pues el narrador empieza confesando en su primera frase el crimen/conflicto de la historia.)
El caso es que hay días como hoy en que la idea de ese túnel oscuro y solitario no acepta contradicción. Y me preocupo por mi cordura un poco más que de costumbre.
Me parece que hasta ahora no he aclarado del todo el origen de esto de hablar "desde mi túnel". La referencia viene de una de mis novelas favoritas (quizá por diversas razones mi novela favorita): El túnel, de Ernesto Sabato.
La frase que da sentido al título del libro y que me ayuda a señalar el sentido que tiene el nombre de esta bitácora, aparece casi al final de la narración de Juan Pablo Castel, protagonista de la novela. Pero aparece también al inicio, como una suerte de epígrafe anónimo...
«...en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío...»
La frase sigue. Y quizá para entenderla con claridad sea necesario conocer la novela y revisar nuevamente el contexto en que aparece la expresión. Y no sé si convenga vender más trama. (Y mira que es un libro del cual es difícil vender trama, pues el narrador empieza confesando en su primera frase el crimen/conflicto de la historia.)
El caso es que hay días como hoy en que la idea de ese túnel oscuro y solitario no acepta contradicción. Y me preocupo por mi cordura un poco más que de costumbre.
domingo, 11 de abril de 2010
... y de pronto me he puesto a llorar. Así, sin más. Sin que se anticipara. Sin que algo concreto lo haya provocado. Después de días y días conteniendo. Después de creer que me había quedado sin lágrimas. Aquí estoy, llorando. Y nada más sentir las lágrimas corriendo por las mejillas he corrido a refugiarme aquí. Abrí esto y me pongo a escribir.
El llanto se contiene un momento. No cesa, pero disminuye su intensidad.
Pausa. Y mientras hago una pausa de cinco segundos el llanto regresa. Como si escribir esto, que no dice nada, alcanzara para cerrarle la llave. Y quiero seguir llorando porque está claro que me hace falta. Pero también quiero seguir escribiendo, que llevo un buen rato también conteniendo las palabras.
Otra pausa. Esta vez diez segundos. Parece que el llanto va ganando la partida. Seguro es más necesario. Ha sido más lo que se ha acumulado en los ojos que en las manos. Así que no diré mucho más. Diré solo que estoy muy cansado. Que quisiera detenerlo todo. Pero ese todo no me hace caso. Y se viene encima. Me asfixa. Y quisiera renunciar. A todo. Abortar esta misión Tierra. Nunca la he entendido. Y no sé si quiero seguirla. Estoy cansado. Lo siento. Quizá solo necesito irme un rato a dejar que este llanto corra. Estoy cansado.
El llanto se contiene un momento. No cesa, pero disminuye su intensidad.
Pausa. Y mientras hago una pausa de cinco segundos el llanto regresa. Como si escribir esto, que no dice nada, alcanzara para cerrarle la llave. Y quiero seguir llorando porque está claro que me hace falta. Pero también quiero seguir escribiendo, que llevo un buen rato también conteniendo las palabras.
Otra pausa. Esta vez diez segundos. Parece que el llanto va ganando la partida. Seguro es más necesario. Ha sido más lo que se ha acumulado en los ojos que en las manos. Así que no diré mucho más. Diré solo que estoy muy cansado. Que quisiera detenerlo todo. Pero ese todo no me hace caso. Y se viene encima. Me asfixa. Y quisiera renunciar. A todo. Abortar esta misión Tierra. Nunca la he entendido. Y no sé si quiero seguirla. Estoy cansado. Lo siento. Quizá solo necesito irme un rato a dejar que este llanto corra. Estoy cansado.
sábado, 10 de abril de 2010
Cartas
Estoy de vuelta. Nuevamente aquí, en este lugar que no logro entender del todo pero que constituye mi mundo. Hace un rato estuve en casa de mis papás y, no sé bien cómo, terminé buscando unos papeles viejos en un cajón donde un sinfín de papeles llevan años esperando mi aparición para ser desechados. Hoy no fue el día: por el contrario. Se trata de un cajón lleno de cartas. Cartas e impresiones de correos electrónicos. Los más recientes están cumpliendo diez años. De ahí para atrás. Sobre todo 5 años de mi vida: de 1994 a 1999. Hay más. Hay cartas de los días anteriores al error de diciembre, pero ya no me atreví a profundizar en ellos. Me quedé atrapado leyendo cartas que recibí en los años de la universidad. Y algunas impresiones de correos que yo envié y que, por alguna razón, imprimí como loco seguamente a finales del siglo.
Los textos no estaban en ningún orden, así que la resurrección de emociones fue caótica. Y sobre todo intensa. El corazón se me llena de emociones contradictorias y poderosas. A ratos, como siempre, me desconozco. ¿Quién era el que recibía esas letras? ¿A qué respondían? ¿En qué momento me relacioné de tal o cual manera con determinadas personas?
Lo más complicado es que me leo y me echo de menos. Leo a ese chico que no terminaba de superar la adolesecencia ya entrado en sus veinte. (¿La habrá superado ya hoy, cerca de la mitad de sus treintas?)
En cuestión de un par de horas he estado reconstruyendo pedazos abandonados de mi historia. Y me pregunto dónde quedé. ¿En qué parte del camino renuncié a mí mismo? Me pregunto sobre todo por lo que no sucedió. Y es que esas cartas están llenas de posibilidades frustradas. Hechos que, invadidos por el miedo, nunca se concretaron. Pedazos. Fragmentos. Muchas semillas de futuros que nunca fueron.
¿Qué pasaría hoy si me atreviera a recolectar las piezas? Seguramente muchas, la mayoría, no tendrían ya ningún sentido. Además, recuperarlas significaría aparecerse en las vidas de quienes fueron parte de tan extravagantes intercambios epistolares. Y no creo tener derecho a venir hoy a meter ruido en sus vidas recuperando palabras que se deijeron hace, por lo menos, una década.
Pero no dejo de pensar en "qué hubiera pasado sí..."
Los textos no estaban en ningún orden, así que la resurrección de emociones fue caótica. Y sobre todo intensa. El corazón se me llena de emociones contradictorias y poderosas. A ratos, como siempre, me desconozco. ¿Quién era el que recibía esas letras? ¿A qué respondían? ¿En qué momento me relacioné de tal o cual manera con determinadas personas?
Lo más complicado es que me leo y me echo de menos. Leo a ese chico que no terminaba de superar la adolesecencia ya entrado en sus veinte. (¿La habrá superado ya hoy, cerca de la mitad de sus treintas?)
En cuestión de un par de horas he estado reconstruyendo pedazos abandonados de mi historia. Y me pregunto dónde quedé. ¿En qué parte del camino renuncié a mí mismo? Me pregunto sobre todo por lo que no sucedió. Y es que esas cartas están llenas de posibilidades frustradas. Hechos que, invadidos por el miedo, nunca se concretaron. Pedazos. Fragmentos. Muchas semillas de futuros que nunca fueron.
¿Qué pasaría hoy si me atreviera a recolectar las piezas? Seguramente muchas, la mayoría, no tendrían ya ningún sentido. Además, recuperarlas significaría aparecerse en las vidas de quienes fueron parte de tan extravagantes intercambios epistolares. Y no creo tener derecho a venir hoy a meter ruido en sus vidas recuperando palabras que se deijeron hace, por lo menos, una década.
Pero no dejo de pensar en "qué hubiera pasado sí..."
viernes, 2 de abril de 2010
DFW
A veces pienso que debería vivir en un aeropuerto. Es en estas ciudades posmodernas donde parece que mi cerebro funciona mejor. Hace un rato, mientras comía algo para acortar la larga espera de mi conexión, pensaba en una idea sugerida por Alessandro Baricco en Los bárbaros: para los mutantes de la nueva generación, el sentido no se encuentra profundizando en las cosas, sino en hacer de todo una estación de paso. Eso son los aeropuertos. No son puntos de arribo ni de llegada. Son sólo estaciones de paso. Y representan magníficamente la esencia de nuestro mundo. Y no es que estos lugares me gusten. No creo que esa sea la expresión adecuada. Es sólo que aquí —y a veces sólo aquí— me siento en casa.
Mientras escribía esto, inspirándome en anotaciones que hice hace unos minutos en una servilleta —ya sabes, esa manía de no olvidar, con eso de que ahora todo se me olvida—... decía que, mientras escribía esto, venían a mi mente imágenes de Up in the air, esa gran película reciente protagonizada por George Clooney. Quizá porque estoy en el aeropuerto DFW, sede de American Airlines; quizá porque estoy aquí en buena medida gracias a las millas acumuladas en los últimos tiempos; quizá porque mientras pasaba el filtro de seguridad evocaba esos procesos que simplifican semejante calvario... Quizá por todo eso o probablemente por nada en particular.
Mientras escribía esto, inspirándome en anotaciones que hice hace unos minutos en una servilleta —ya sabes, esa manía de no olvidar, con eso de que ahora todo se me olvida—... decía que, mientras escribía esto, venían a mi mente imágenes de Up in the air, esa gran película reciente protagonizada por George Clooney. Quizá porque estoy en el aeropuerto DFW, sede de American Airlines; quizá porque estoy aquí en buena medida gracias a las millas acumuladas en los últimos tiempos; quizá porque mientras pasaba el filtro de seguridad evocaba esos procesos que simplifican semejante calvario... Quizá por todo eso o probablemente por nada en particular.
miércoles, 17 de marzo de 2010
De nuevo, quisiera...
Daría cualquier cosa por tener el valor de arrojar todo por la borda. Quisiera convertirme en barista de este Starbucks, testigo de mi depresión y acompañante de mis escasas alegrías en estas coordenadas. Algo simple. Lo complejo de lo cotidiano por lo que he apostado durante poco más de una década me tiene mal. Los nervios no responden adecuadamente. No me soporto ni yo mismo.
martes, 16 de marzo de 2010
Parálisis
Esto se complica a cada paso. Por un segundo me entusiasmo, me lleno de posibilidades y grito de alegría a los cuatro vientos. Me emociono. Siento que todo marcha viento en popa. De pronto, todo cambia. La tormenta. Nada tiene sentido. No existe certidumbre alguna. El mundo perfecto, evidentemente, no es tan perfecto. No podía serlo. Y ahora, incapaz de hacer frente a las mentiras sobre las que he construido mis certezas, me paralizo. ¿Qué sigue?
domingo, 14 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
Quisiera...
En muchos sentidos ha sido días buenos. Pero han sido también días de infinita confusión. Hoy, literalmente, quisiera extirparme el corazón. Dejar de sentir. Y dejar de lastimar.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Vencidas
La cabeza está a punto de explotarme. Ya es demasiado. Hace mucho que es demasiado. Pero soy terco y me aferro. Insisto. La realidad y yo hemos entrado en un ridículo juego de vencidas donde no tengo oportunidad. Pero ahí estoy. No tiene sentido.
lunes, 1 de marzo de 2010
Desaparecer
El fin de semana ella me dijo que tenía ganas de desaparecer. Lo dijo en ese tono que no me gusta, que suena fatalista, que da miedo. Respondí lo que se responde en estos casos. Y lo dije de verdad. Que no pensara eso. Que un rato, quizá, se vale. Pero que uno debe encontrar sentido a las cosas.
Y resulta que hoy tengo necesidad de usar sus palabras. Quisiera desaparecer.
Y resulta que hoy tengo necesidad de usar sus palabras. Quisiera desaparecer.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Estar bien
Estoy bien, en serio. Es sólo que las cosas me superan. Me siento auténticamente rebasado. Con una necesidad inmensa de arrojar todo por la borda. Pero me siento bien. Quizá indiferente. Quizá nuevamente sin sentido. Y es posible que eso no suene como a estar bien. Pero sucede que no me siento mal. Quizá sea que simplemente no me siento de ninguna manera. Estoy. Soy. Y punto.
martes, 23 de febrero de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
Consuelo
Es claro que la raíz del problema está en mi maldita soberbia. El desprecio que siento por casi todo lo que me rodea. A ratos consigo silenciarlo. Pero hay veces en que se revela (y se rebela) inevitable. Esos son los días en que más cuesta salir a dar la cara a un mundo que uno simplemente considera que no vale la pena.
El consuelo está en que eso no pasa a diario.
El consuelo está en que eso no pasa a diario.
miércoles, 3 de febrero de 2010
martes, 2 de febrero de 2010
No dejo de darle vueltas. Y nada. Simplemente demasiadas preguntas. El túnel se vuelve más estrecho. No hay mucho aire.
Hace un rato leía los comentarios de mis niños de secundaria acerca de mi clase. Impresionante. Por la claridad de sus observaciones. Por la contundencia de su sentir. Por la forma en que ciertos tropiezos míos han quedado registrados en ellos. Por lo poco que ven de lo mucho que hay detrás, de ellos y de mí. Porque tienen razón en muchas cosas. Y yo simplemente no encuentro la energía suficiente para reaccionar y responder como debería. Y me quedo en la nada. En esa nada en la que habito desde hace meses. Incapaz de reaccionar y hacer algo por mí mismo.
No hay mucho aire. El túnel se vuelve más estrecho. Simplemente demasiadas preguntas. Y nada. No dejo de darle vueltas.
Hace un rato leía los comentarios de mis niños de secundaria acerca de mi clase. Impresionante. Por la claridad de sus observaciones. Por la contundencia de su sentir. Por la forma en que ciertos tropiezos míos han quedado registrados en ellos. Por lo poco que ven de lo mucho que hay detrás, de ellos y de mí. Porque tienen razón en muchas cosas. Y yo simplemente no encuentro la energía suficiente para reaccionar y responder como debería. Y me quedo en la nada. En esa nada en la que habito desde hace meses. Incapaz de reaccionar y hacer algo por mí mismo.
No hay mucho aire. El túnel se vuelve más estrecho. Simplemente demasiadas preguntas. Y nada. No dejo de darle vueltas.
miércoles, 27 de enero de 2010
Quote
«Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso!
¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
[...]
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.»
Oliverio Girondo
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso!
¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
[...]
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.»
Oliverio Girondo
martes, 26 de enero de 2010
Cordura
No es la primera vez que lo diré. Y probablemente no será la última. Es simple: temo por mi cordura. No es que me reconozca ordinariamente cuerdo, pero en lo general mi locura es capaz de convivir con la del resto de las personas. Sin embargo, hoy temo porque llevo mucho tiempo en el borde, sabiendo que en cualquier momento podría perderme sin remedio. Desprenderme de la realidad. A veces lo deseo intensamente. Pero sobreviven aún elementos que me atan a la burda y agobiante realidad. No son cosas malas, por el contrario. Pero quisiera aislarlas. Sobrevivir sólo con ellas y abandonar el resto. Desprenderme de lo que innecesariamente he acumulado en más de tres décadas. Hoy reconozco que la lógica se ausenta de mi razonamiento cada vez por periodos más prolongados. Temo que un día termine por no regresar. Y me deje aquí. En medio de todo y de nada. Sin saber qué diablos hago en medio de tanto caos. Temo por mi cordura. Y por el que soy si la pierdo por completo.
lunes, 25 de enero de 2010
Fui y vine
Fui y vine. Fui cargado de esperanzas. De ingenuas esperanzas. (La expresión me parece incluso redundante: con el tiempo descubro que las esperanzas son, por definición, ingenuas.) Vine lleno de realidad. De un trozo de realidad. Y ya habrás de suponer que esperanza y realidad no son buenas compañeras.
Fui y vine. Fui creyendo que sería capaz de replantearme la historia. Imaginando que podría encontrarle alguna salida al laberinto en el que vine a caer hace tanto. (¿O será el laberinto en el que nací?) Vine sin lograr entender cómo o por qué esto parece no dar para más. Vine con las heridas que deja enfrentarse uno con sus fantasmas y descubrir que golpean más duro de lo que uno había anticipado.
Aquí estoy. Incapaz de imaginar el siguiente paso. Sin brújula. Sin mapa. Sin ganas, nada más.
Fui y vine. Fui creyendo que sería capaz de replantearme la historia. Imaginando que podría encontrarle alguna salida al laberinto en el que vine a caer hace tanto. (¿O será el laberinto en el que nací?) Vine sin lograr entender cómo o por qué esto parece no dar para más. Vine con las heridas que deja enfrentarse uno con sus fantasmas y descubrir que golpean más duro de lo que uno había anticipado.
Aquí estoy. Incapaz de imaginar el siguiente paso. Sin brújula. Sin mapa. Sin ganas, nada más.
miércoles, 20 de enero de 2010
Ya he encontrado un segundo refugio para estos días en el destierro: mi coche. El problema es que uno no puede pasar mucho tiempo encerrado en él sin detonar suspicacias incómodas. Y como aquí los traslados son cosa de minutos, es poco el tiempo que puedo invertir en él. Pero en serio: es sólo cuestión de subirme al coche y desatar aquí dentro el remolino de emociones que casi en automático me pongo a llorar.
Ahora mismo estoy llegando de pasar un rato en el coche y una hora en el otro refugio —el Starbucks—. Y recién consigo poner en blanco y negro lo que me pasa. Empiezo a ponerle nombre al maldito miedo, a la inseguridad, a la falta de valor. Descubro lo que me tiene flotando en el inmenso vacío. Pero no doy el siguiente paso. No convierto estos hallazgos en acciones. Me quedo en la nada. Recriminándome por ser tan débil. Dispuesto a conseguir fuerzas de alguna parte. Me lo debo.
Ahora mismo estoy llegando de pasar un rato en el coche y una hora en el otro refugio —el Starbucks—. Y recién consigo poner en blanco y negro lo que me pasa. Empiezo a ponerle nombre al maldito miedo, a la inseguridad, a la falta de valor. Descubro lo que me tiene flotando en el inmenso vacío. Pero no doy el siguiente paso. No convierto estos hallazgos en acciones. Me quedo en la nada. Recriminándome por ser tan débil. Dispuesto a conseguir fuerzas de alguna parte. Me lo debo.
Quote
«Here was an irony of our continental separation (undertaken, remember, in the hope of clarification): it had made things less clear than ever. By and large, we separators suceded only in separating our feelings from any meaning we could give them.» Joseph O'Neill, Netherland.
martes, 19 de enero de 2010
De un tiempo para acá todo se reduce a una absoluta falta de voluntad. Me descubro cada día más pesado. Los movimientos resultan cada día más difíciles, más lentos, más sin sentido. Y me paralizo. Empiezo a encontrar el mundo cada mañana más absurdo. Renacen sensaciones que habían pasado muchos años marginadas en algún rincón de la conciencia. Y reaparecen con ímpetus renovados. Exploro el silencio en busca de alguna respuesta. Pero el silencio siempre responde evaisvo. La cuestión es simple: estoy fastidiado de esto que me he construido durante años y sigo perdido en mis intentos por dar marcha atrás. Confieso que alcanzo a ver ya ciertas luces. Encuentro una dirección. Pero, como diría el Principito, este cuerpo es muy pesado. No pienso abandonarlo, no. Es sólo que estoy cansado. Me toca esperar. Solo unos meses, quizá. Y en ese periodo quisiera reconciliar mi yo-digital con mi yo-analógico. Y armonizar a todos los que hay dentro de cada uno de ambos. En el fondo, lo que estoy diciendo es que quisiera ser uno. Coherente, congruente, consistente. Menos temeroso de todo. En eso estoy. Dando lentamente algunos pasos. Aquí sigo.
jueves, 14 de enero de 2010
Y hoy no he parado de pensar en ti. En mis ganas locas de escribirte algo. De contarte cómo me siento. Escuchaba esta mañana los inocentes textos e intentos de poesía de mis alumnos, ya sabes, esos sentimientos adolescentes que uno abandona en el baúl de los olvidos. Los escuchaba y recuperaba mi necesidad de escribirte algo.
Ando disperso. Y no anoté mucho más. Tampoco vine aquí a transferir textos o a intentar seguir con la confesión o la puesta al día que pretendía al cerrar la libreta hace unas horas. No he podido. Pero tengo que encontrar un espacio tarde o temprano. El tiempo corre y ciertos plazos son inaplazables.
Ando disperso. Y no anoté mucho más. Tampoco vine aquí a transferir textos o a intentar seguir con la confesión o la puesta al día que pretendía al cerrar la libreta hace unas horas. No he podido. Pero tengo que encontrar un espacio tarde o temprano. El tiempo corre y ciertos plazos son inaplazables.
Etiquetas:
Confesiones,
Desde el Moleskine
martes, 12 de enero de 2010
Estoy en Starbucks, este extraño espacio que —jamás lo hubiera imaginado— se está convirtiendo en cálido testigo de mi soledad en esta ciudad. Sentarme aquí se está convirtiendo en mi primer rutina auténtica después de varios meses.
De pronto, sentado aquí, empiezo a recordar. En un lugar así se gestaba hace cuatro años una de las aventuras que me permiten estar aquí y ahora. Me pongo a tejer una de esas infinitas historias de "si no hubiera hecho tal cosa, entonces no hubiera sucedido esta otra..."
¿Por qué me siento seguro en este café? Quizá porque es un lugar de esos sin tiempo ni espacio. Iguales todos donde sea y cuando sea. Desde éste, mi mente viaja a otro, igual, pero a cuatrocientos kilómetros de distancia y cuatro años atrás.
De pronto, sentado aquí, empiezo a recordar. En un lugar así se gestaba hace cuatro años una de las aventuras que me permiten estar aquí y ahora. Me pongo a tejer una de esas infinitas historias de "si no hubiera hecho tal cosa, entonces no hubiera sucedido esta otra..."
¿Por qué me siento seguro en este café? Quizá porque es un lugar de esos sin tiempo ni espacio. Iguales todos donde sea y cuando sea. Desde éste, mi mente viaja a otro, igual, pero a cuatrocientos kilómetros de distancia y cuatro años atrás.
lunes, 11 de enero de 2010
Es probable que aún no haya nadie del otro lado. Que este túnel sea aún demasiado estrecho y, por el momento, me encuentre solo. Es muy pronto. Y, a final de cuentas, no está en la posible compañía la razón de este intento. Pero vaya que eso ayudaría a encontrarle un sentido adicional. Porque en lo que a mí me toca, estoy con poco ánimo para cualquier cosa. Me veo obligado a reconocer que estoy en cierta medida enfermo. Me cuesta trabajo levantar la mirada. Pero debo ponerme el antifaz y prepararme para el papel del que soy ahí afuera.
Para no dejar esta entrada vacía, diré que hoy terminé de leer un libro que tardaré en superar. ¿Cómo es que ciertas lecturas se cruzan así en nuestro camino? ¡Espera! ¡No pienses que soy un gran lector! Ayer citaba a Dickens, hoy hablo nuevamente de libros. Sí, me gusta leer. Pero estoy lejos de ser el lector experto que la gente cree que hay detrás de mis gafas. Quizá a ello se deba que me entusiasme fácilmente, a la menor provocación. Cuando uno no sabe mucho, tiene la ventaja de dejarse seducir sin muchas dificultades.
Decía que no ando bien. Quizá por eso me pesan las manos. Quizá porque parte de mí no quiere que cuente demasiado, y nota que empiezo a arriesgarme. Me daré tiempo. En una de esas la pausa sirve para que llegue un primer acompañante para esta nueva travesía.
Para no dejar esta entrada vacía, diré que hoy terminé de leer un libro que tardaré en superar. ¿Cómo es que ciertas lecturas se cruzan así en nuestro camino? ¡Espera! ¡No pienses que soy un gran lector! Ayer citaba a Dickens, hoy hablo nuevamente de libros. Sí, me gusta leer. Pero estoy lejos de ser el lector experto que la gente cree que hay detrás de mis gafas. Quizá a ello se deba que me entusiasme fácilmente, a la menor provocación. Cuando uno no sabe mucho, tiene la ventaja de dejarse seducir sin muchas dificultades.
Decía que no ando bien. Quizá por eso me pesan las manos. Quizá porque parte de mí no quiere que cuente demasiado, y nota que empiezo a arriesgarme. Me daré tiempo. En una de esas la pausa sirve para que llegue un primer acompañante para esta nueva travesía.
domingo, 10 de enero de 2010
Entrando en el túnel
«I'm not going to tell the story the way it happened. I'm going to tell it the way I remember it.» Ésta es la advertencia de Finn antes de hacer su relato en Great Expetations, versión fílmica de Alfosno Cuarón a la historia de Charles Dickens. Ambas —película y novela— me fascinan. En particular, la película es una de mis favoritas, esas que puedo ver una y otra vez, como siempre como si fuese la primera vez. Quizá por ello me atrajo la idea de usar esta frase para comenzar mi propio relato, por ponerle un nombre a esto.
Podría parecer más sensato —más lógico, más razonable— usar esta primer entrega para justificar la elección del título. Pero prefiero dejar eso —si sucede— para más adelante. Intento, en cambio, hacer un primer acercamiento a las intenciones detrás de este ejercicio. No soy del todo nuevo en el lenguaje de este medio. Tampoco es que sea un veterano o un pionero, pero sí puedo decir que por más de un par de años he explorado la llamada Web 2.0 desde distintos frentes y con distintos resultados. Pero debo confesar que después de tales aporximaciones —todas ellas vigentes, por cierto— descubro que no consigo ser yo quien está detrás de esos rostros.
Al menos no en el presente.
Reconozco que hubo un tiempo en que resultaba más sencillo ser yo al publicar y lanzar mis locuras al universo de ceros y unos. Pero de unos meses para acá, algunas inconsistencias —inconscientes en general— empiezan a traicionarme. Termino dejando de ser yo en uno y en otro mundo. De pronto no estoy seguro de mi propia identidad.
Sí, reconozco que el conflicto no es del todo nuevo. Me leo escribiendo esto y de inmediato vuelvo a reconocerme. Soy el que durante años ha intentado dejar cierto rastro verbal de su lectura sobre un mundo que resulta en general incomprensible. Quizá el descubrimiento que estas redes me hayan traído fue la posibilidad de ponerlo en común con otros. Y al hacerlo, reconocerme como real.
A lo largo de varios meses he venido acumulando un sinfín de ideas que esperan ser puestas en palabras. Me propongo aquí recuperar a ratos algo del pasado y empezar a llevar un registro del presente. Consciente del riesgo de que un día, nuevamente, los mundo en que transito coincidan. Pero con la esperanza de que, llegado ese momento, seré —¡por fin!— capaz de permitir su coexistencia.
Podría parecer más sensato —más lógico, más razonable— usar esta primer entrega para justificar la elección del título. Pero prefiero dejar eso —si sucede— para más adelante. Intento, en cambio, hacer un primer acercamiento a las intenciones detrás de este ejercicio. No soy del todo nuevo en el lenguaje de este medio. Tampoco es que sea un veterano o un pionero, pero sí puedo decir que por más de un par de años he explorado la llamada Web 2.0 desde distintos frentes y con distintos resultados. Pero debo confesar que después de tales aporximaciones —todas ellas vigentes, por cierto— descubro que no consigo ser yo quien está detrás de esos rostros.
Al menos no en el presente.
Reconozco que hubo un tiempo en que resultaba más sencillo ser yo al publicar y lanzar mis locuras al universo de ceros y unos. Pero de unos meses para acá, algunas inconsistencias —inconscientes en general— empiezan a traicionarme. Termino dejando de ser yo en uno y en otro mundo. De pronto no estoy seguro de mi propia identidad.
Sí, reconozco que el conflicto no es del todo nuevo. Me leo escribiendo esto y de inmediato vuelvo a reconocerme. Soy el que durante años ha intentado dejar cierto rastro verbal de su lectura sobre un mundo que resulta en general incomprensible. Quizá el descubrimiento que estas redes me hayan traído fue la posibilidad de ponerlo en común con otros. Y al hacerlo, reconocerme como real.
A lo largo de varios meses he venido acumulando un sinfín de ideas que esperan ser puestas en palabras. Me propongo aquí recuperar a ratos algo del pasado y empezar a llevar un registro del presente. Consciente del riesgo de que un día, nuevamente, los mundo en que transito coincidan. Pero con la esperanza de que, llegado ese momento, seré —¡por fin!— capaz de permitir su coexistencia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)