A veces pienso que debería vivir en un aeropuerto. Es en estas ciudades posmodernas donde parece que mi cerebro funciona mejor. Hace un rato, mientras comía algo para acortar la larga espera de mi conexión, pensaba en una idea sugerida por Alessandro Baricco en Los bárbaros: para los mutantes de la nueva generación, el sentido no se encuentra profundizando en las cosas, sino en hacer de todo una estación de paso. Eso son los aeropuertos. No son puntos de arribo ni de llegada. Son sólo estaciones de paso. Y representan magníficamente la esencia de nuestro mundo. Y no es que estos lugares me gusten. No creo que esa sea la expresión adecuada. Es sólo que aquí —y a veces sólo aquí— me siento en casa.
Mientras escribía esto, inspirándome en anotaciones que hice hace unos minutos en una servilleta —ya sabes, esa manía de no olvidar, con eso de que ahora todo se me olvida—... decía que, mientras escribía esto, venían a mi mente imágenes de Up in the air, esa gran película reciente protagonizada por George Clooney. Quizá porque estoy en el aeropuerto DFW, sede de American Airlines; quizá porque estoy aquí en buena medida gracias a las millas acumuladas en los últimos tiempos; quizá porque mientras pasaba el filtro de seguridad evocaba esos procesos que simplifican semejante calvario... Quizá por todo eso o probablemente por nada en particular.
viernes, 2 de abril de 2010
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