Cuesta trabajo reconocerlo, pero más vale que así sea: la vida poco tiene que ver con esas ideas ingenuas que nos alimentan el cerebro desde pequeños. Cierto, quizá este razonamiento no aplique para todos. Lo que es falso, me parece evidente, es esa infantil idea de homogeneidad en las posibilidades que tenemos de alcanzar cierto tipo de felicidad: hay realidades que de origen están negadas a algunos, por más que duela reconocerlo. Y quizá está bien que así sea. Pero cuando se está de lado de ciertas minorías, es difícil aceptar esa realidad.
Sé que estoy siendo más críptico que de costumbre. Estoy un poco hecho bolas en mi cabeza. Quisiera hallar la manera de expresar con claridad lo que estoy sintiendo. Pero solo alcanzo a decir que tengo el alma muy apachurrada. Y duele.
viernes, 30 de abril de 2010
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