Estoy de vuelta. Nuevamente aquí, en este lugar que no logro entender del todo pero que constituye mi mundo. Hace un rato estuve en casa de mis papás y, no sé bien cómo, terminé buscando unos papeles viejos en un cajón donde un sinfín de papeles llevan años esperando mi aparición para ser desechados. Hoy no fue el día: por el contrario. Se trata de un cajón lleno de cartas. Cartas e impresiones de correos electrónicos. Los más recientes están cumpliendo diez años. De ahí para atrás. Sobre todo 5 años de mi vida: de 1994 a 1999. Hay más. Hay cartas de los días anteriores al error de diciembre, pero ya no me atreví a profundizar en ellos. Me quedé atrapado leyendo cartas que recibí en los años de la universidad. Y algunas impresiones de correos que yo envié y que, por alguna razón, imprimí como loco seguamente a finales del siglo.
Los textos no estaban en ningún orden, así que la resurrección de emociones fue caótica. Y sobre todo intensa. El corazón se me llena de emociones contradictorias y poderosas. A ratos, como siempre, me desconozco. ¿Quién era el que recibía esas letras? ¿A qué respondían? ¿En qué momento me relacioné de tal o cual manera con determinadas personas?
Lo más complicado es que me leo y me echo de menos. Leo a ese chico que no terminaba de superar la adolesecencia ya entrado en sus veinte. (¿La habrá superado ya hoy, cerca de la mitad de sus treintas?)
En cuestión de un par de horas he estado reconstruyendo pedazos abandonados de mi historia. Y me pregunto dónde quedé. ¿En qué parte del camino renuncié a mí mismo? Me pregunto sobre todo por lo que no sucedió. Y es que esas cartas están llenas de posibilidades frustradas. Hechos que, invadidos por el miedo, nunca se concretaron. Pedazos. Fragmentos. Muchas semillas de futuros que nunca fueron.
¿Qué pasaría hoy si me atreviera a recolectar las piezas? Seguramente muchas, la mayoría, no tendrían ya ningún sentido. Además, recuperarlas significaría aparecerse en las vidas de quienes fueron parte de tan extravagantes intercambios epistolares. Y no creo tener derecho a venir hoy a meter ruido en sus vidas recuperando palabras que se deijeron hace, por lo menos, una década.
Pero no dejo de pensar en "qué hubiera pasado sí..."
sábado, 10 de abril de 2010
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