Me enoja tanto conmigo mismo estar en esta condición. Me enfurece mi debilidad, mi falta de fuerza. Aquí adentro lo tengo claro: no más, quiero detener todo y desaparecer un rato. Renunciar a este mundo mientras logro encontrarme. No creo que resulte sano para mí ni para lo que me rodea seguir fingiendo que todo está bien. Pero no logro hacerme de la fuerza suficiente para enfrentarme a eso que me rodea.
Lo he dicho antes y lo reitero. Estoy muy cansado. De pronto he perdido la fe en mí mismo. Me he quedado sin ganas de nada. Y ahí sigo, con mi cara de todo está bien. Pero creo que es necesario reconocer que esto ya resulta dañino. Que no gano nada. Que nadie alrededor gana nada conmigo en este estado. Y quisiera que fuese algo que pudiera remediarse con un poco de charla, con un abrazo, con una palmada en la espalda. No. No es tan sencillo. Necesito desaparecer. No digo que para siempre, pero sí por un rato.
No me siento capaz de seguir enfrentando el día a día. Y no encuentro la forma de decirlo con claridad. No consigo hacerle frente al mundo. Y entonces me hundo más. Fingiendo solo he conseguido que salir del agujero sea más difícil a cada minuto. Pero, ¿cómo hacer para acabar con esto? No tengo la fuerza.
lunes, 26 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario