domingo, 10 de enero de 2010

Entrando en el túnel

«I'm not going to tell the story the way it happened. I'm going to tell it the way I remember it.» Ésta es la advertencia de Finn antes de hacer su relato en Great Expetations, versión fílmica de Alfosno Cuarón a la historia de Charles Dickens. Ambas —película y novela— me fascinan. En particular, la película es una de mis favoritas, esas que puedo ver una y otra vez, como siempre como si fuese la primera vez. Quizá por ello me atrajo la idea de usar esta frase para comenzar mi propio relato, por ponerle un nombre a esto.

Podría parecer más sensato —más lógico, más razonable— usar esta primer entrega para justificar la elección del título. Pero prefiero dejar eso —si sucede— para más adelante. Intento, en cambio, hacer un primer acercamiento a las intenciones detrás de este ejercicio. No soy del todo nuevo en el lenguaje de este medio. Tampoco es que sea un veterano o un pionero, pero sí puedo decir que por más de un par de años he explorado la llamada Web 2.0 desde distintos frentes y con distintos resultados. Pero debo confesar que después de tales aporximaciones —todas ellas vigentes, por cierto— descubro que no consigo ser yo quien está detrás de esos rostros.

Al menos no en el presente.

Reconozco que hubo un tiempo en que resultaba más sencillo ser yo al publicar y lanzar mis locuras al universo de ceros y unos. Pero de unos meses para acá, algunas inconsistencias —inconscientes en general— empiezan a traicionarme. Termino dejando de ser yo en uno y en otro mundo. De pronto no estoy seguro de mi propia identidad.

Sí, reconozco que el conflicto no es del todo nuevo. Me leo escribiendo esto y de inmediato vuelvo a reconocerme. Soy el que durante años ha intentado dejar cierto rastro verbal de su lectura sobre un mundo que resulta en general incomprensible. Quizá el descubrimiento que estas redes me hayan traído fue la posibilidad de ponerlo en común con otros. Y al hacerlo, reconocerme como real.

A lo largo de varios meses he venido acumulando un sinfín de ideas que esperan ser puestas en palabras. Me propongo aquí recuperar a ratos algo del pasado y empezar a llevar un registro del presente. Consciente del riesgo de que un día, nuevamente, los mundo en que transito coincidan. Pero con la esperanza de que, llegado ese momento, seré —¡por fin!— capaz de permitir su coexistencia.

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