martes, 12 de enero de 2010

Estoy en Starbucks, este extraño espacio que —jamás lo hubiera imaginado— se está convirtiendo en cálido testigo de mi soledad en esta ciudad. Sentarme aquí se está convirtiendo en mi primer rutina auténtica después de varios meses.

De pronto, sentado aquí, empiezo a recordar. En un lugar así se gestaba hace cuatro años una de las aventuras que me permiten estar aquí y ahora. Me pongo a tejer una de esas infinitas historias de "si no hubiera hecho tal cosa, entonces no hubiera sucedido esta otra..."

¿Por qué me siento seguro en este café? Quizá porque es un lugar de esos sin tiempo ni espacio. Iguales todos donde sea y cuando sea. Desde éste, mi mente viaja a otro, igual, pero a cuatrocientos kilómetros de distancia y cuatro años atrás.

No hay comentarios: