Iba a escribir que mi vida sigue dando vuelcos. Pero sería impreciso. Los vuelcos son tan comunes que pueden leerse como parte de una cierta estabilidad.
Tengo la cabeza en todas partes. El corazón repartido en fragmentos. A ratos me río de mí mismo. Me produzco tanta ternura. ¡Soy tan ingenuo!
Una parte de mí paulatinamente aterriza y se ocupa del mundanal que le rodea. No hay remedio. El resto, sigue construyendo castillos en el aire. Soñando. Fabricándose ese territorio imaginario en el que un día, estoy seguro, podré vivir sin necesidad de volver a tocar el suelo.
jueves, 5 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario