¿Acaso este corazón no sabe vivir sin desearte?
Hablo de ti, que como sabes, eres todas y ninguna a la vez. Quisiera decirlo una vez más, con contundencia, porque a veces creo que si los demás creen que eres una y solo una, es porque yo mismo no lo termino de tener muy claro.
Pero el solo decirlo ahora me reitera que el asunto es perfectamente transparente para mí. Quizá no me explico cómo es posible o en dónde se origina, pero es evidente que cuando hablo de ti hablo de una entidad casi universal: eres ese alguien posible, esa otra parte de mí que puede cambiar de rostro pero que siempre termina siendo la fuente del deseo que orienta mis pasos.
Un deseo, cabe decir, insaciable. Porque mientras más cerca te siento más quiero alejarme. Porque las veces que he podido materializar mis ganas de poseerte, las cosas no han terminado muy bien. Y es entonces cuando el rostro que tenías termina mutando. Hoy eres una y mañana, lo sé, podrás ser otra. Aunque en el fondo, nunca eres más de una decena. Al menos en los últimos 5 lustros, el número de tus rostros no ha alcanzado las dos cifras.
Pero creo que me he alejado de lo que intentaba decir al inicio. Esa incapacidad de mi corazón para renunciar al deseo. Y al mismo tiempo su torpeza para concretarlo. O su temor. Porque a lo largo de los años estas fibras han desarrollado un peculiar instinto que les lleva a huir cuando ven cerca la consumación del más tímido de los besos. Porque saben lo que viene después. Y saben que son demasiado frágiles como para soportar las sacudidas de cada nueva despedida.
Quedo así, condenado al deseo. Pero no quiero sonar pesimista, como siempre. Y es que nunca es esa mi intención. El problema es que el mundo tiende a asociar esta melancolía con sufrimiento. Y no es así. Quizá la nostalgia que me domina no sea sinónimo de euforia, pero el azul que me acompaña es suficientemente bello como para no orillarme a renunciar al mundo. Por el contrario, este deseo que a ratos me atormenta, la mayor parte del tiempo me mueve a seguir.
Quizá porque en el fondo el corazón no ha renunciado y sigue tramando el plan último: ese en el que conseguirá unir todos tus rostros y consumar el deseo en una apoteósica orgía de almas errantes.
jueves, 21 de julio de 2011
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