jueves, 14 de julio de 2011

Pensando en ti...

Qué manera de complicarse la existencia. Tan fácil que sería jugar el juego que domina a mi alrededor. Pero no, están esos imperativos morales que salieron de quién sabe dónde y se cultivaron con permiso de quién sabe quién.

He pensado tanto en ellas. Sí, ellas.

En ti, que hace un año te metiste en mi piel y te adueñaste absurdamente de mis sentidos, que supiste colarte por cada una de mis venas cuando yo creí que empezaba un juego que me ayudaría a dejar atrás un pasado que nunca logré compender.

En ti que eres desde hace tantos años parte de mí y que irremediablemente eres parte de cuanto imagino, que a lo largo de años has sido las dos caras de una moneda que no puedo sino aceptar como parte de mi historia. En ti que ya no sé si te quiero o simplemente te asumo como parte constitutiva de un yo que hace años me inventé.

En ti que desde hace tanto tiempo mueves sin saberlo los hilos fundamentales de mi historia; tú que fuiste el detonador de decisiones completamente irracionales e hiciste, sin saberlo, posible el yo que hoy camina y construye. Tú que no sabes lo que ha sido para mí. Tú que no imaginas ni por casualidad la mínima parte de lo que representas en mi biografía.

En ti que fuiste mi alma gemela hace tantos años y hoy has reaparecido en el escenario, al menos desde lejos, pero presente en mi nueva circunstancia. Tú que me enseñaste lo que era ser alguien para alguien. Tú que me regalaste palabras poderosas e inspiraste las primeras palabras que me atreví a compartir con alguien.

En ti que apenas hace unos meses apareciste en mi vida, tú que aún no tienes rostro ni voz. Tú que hoy eres solo palabras. Y qué palabras.

En ti que me acariciaste el alma cuando arrojé una llanta de salvación en medio de la nada. Tú que has respondido siempre a mis llamados desesperados y has lanzado también llamados a los que me he atrevido a responder desde mis silencios.

En ellas. En todas. Ahogándome en esta soledad que no hace sino recordarme lo débil que soy. Lo inútil que es pensarlas a todas cuando mi voluntad es tan frágil que ni siquiera me atrevo a escribir sus nombres.

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